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Un sueño que corre río abajo: "El Kayakista Profesional"

Un sueño que corre río abajo: “El kayakista profesional”

Por: Santiago Sandoval

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 Jaime Lancaster | Río Cochrane | Foto: RadFocus

¿Qué es lo que hace hoy en día a un kayakista profesional? Como todo en esta vida, el deporte que nosotros remadores, practicamos en diferentes niveles, lugares y estilos, ha ido evolucionando a través de los años. Desde los días de rodeo en botes de 3 metros, a la revolución del freestyle, hasta romper records de la cascada más alta, los kayakistas han encontrado diferentes maneras de progresar en el deporte y  ellos mismos a  niveles que mucha gente consideraría estúpido o inapropiado. Gracias a esto, un selecto grupo de personas que reman alrededor del mundo se han ganado su reputación de kayakistas “profesionales” y han logrado (a duras penas) lograr vivir de esto.

La masificación de actividades al aire libre tanto en el agua como en la  montaña ha abierto las puertas a miles de atletas que con esfuerzo y mucha dedicación se han convertido en profesionales. Esta no es la excepción del kayak, pero, cuando hacemos el contraste entre los “pros” en deportes como snowboard, ski o surf versus los “kayakistas pro”, hay algo que no calza; Viajes pagados, eventos, películas  y un apoyo casi completo por parte de los auspicadores son algo que rara vez se ha visto en nuestra pequeña comunidad de las aguas blancas.                      Como dijo Rush Sturges hace un tiempo en el programa de radio Hammer Factor (disponible en YouTube) –tengo el privilegio de ser un atletla GoPro (…) Cuando fui por primera vez a un evento de la marca, donde se congregaba a cientos de atletas de otros deportes, quedé sorprendido al darme cuenta que los kayakistas somos de los pocos atletas que además de correr cascadas y rápidos clase V, debemos también convertirnos en camarógrafos, productores y managers de nosotros mismos para poder salir adelante-.

 

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 Santiago Sandoval | La Cobra, Fuy Medio | Foto: Kalob Grady

 

Da la sensación de que la gente se cansó de ver cascadas gigantes y trucos invertidos en olas semi congeladas en Canadá, y hoy por hoy se emocionan más viendo vídeos de botes antiguos haciendo splats en rápidos clase III. Es quizás por eso que las marcas ya no están buscando al kayakista más loco y más lanzado, sino personas que puedan vender sus productos a través de redes sociales y haciendo presencia en ferias, eventos y carreras de kayak, convirtiendo así a atletas de alto rendimiento en animadores y productores de material audiovisual masivo.

 De esta manera se ve a grandes kayakistas como Evan Garcia, Fred Norquist, Tyler Bradt o Dave Fusili diversificando sus talentos en diferentes áreas laborales para subsistir en este juego; Cine, importaciones y agronomía son algunas de las actividades que le han permitido a kayakistas de nivel mundial, darse el gusto de remar alrededor de 300 días al año y poder costear una vida tranquila en lugares como White Salmon, BC o California.

 Cabe también recordar que muchos de los productos que ocupamos cada vez que vamos a remar, provienen de diferentes partes de Estados Unidos, por ende, hacerse un nombre y conseguir algún tipo de auspicio tiende a ser más fácil allá. Pero eso vuelve a cuestionarme lo mismo, ¿acaso vale la pena amarrarse con una marca por un simple descuento en equipo? Con la cantidad de opciones en este momento en el mercado, pareciera como si  marcas ya no buscarán tener atletas en sus teams excepto por un par… Compañias como Waka, IR o Sweet  no necesitan de mucha promoción, ya que, además de sus propios atletas, son los mismos clientes quienes promueven la mercancía.                                                                                                                              Uso de #, compartir vídeos y etiquetar a marcas en tus publicaciones son solo herramientas para hacerles publicidad gratis sin que nosotros recibamos nada a cambio.                                                Hay que aceptarlo, ocupar el hashtag  #wakabro no te va a conseguir un bote. Etiquetar a Imersion Research en tu última foto de Instagram no te va a hacer parte del team. No quiero sonar pesimista, ni quebrar una ilusión, pero lamentablemente un auspicio en estos días puede ser un poco más complicado de conseguir. Es por eso que invito a todos a dejar de etiquetar a las marcas, dejar de ocupar sus hashtags y dejar de hacerles publicidad gratis a través de los medios.

 

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 Momo Castillo | Río Palguin?

 

 

Para  mí, que crecí viendo peliculas como Bomb Flow, Substantial y cual vídeo de kayak estuviera en línea, el ser kayakista extremo era un sueño que yacía en lo más alto de mi inocente juventud. Conocía (conozco la verdad) casi todos los nombres de rápidos, cascadas, saltones, portajes y cuevas que han aparecido en algún vídeo. De a poco ese sueño se fue convirtiendo en obsesión, y esa obsesión en una ilusión que con el paso del tiempo se alejaba más de mi realidad. El primer paso es la aceptación. Chile, dentro de todas las cosas increíbles que tiene, no es el lugar para que puedas vivir del kayak. Y no digamos que costiar un equipo completo es barato… A lo largo de mis 6 años kayakiando he visto amigos con botes y equipo cayéndose a pedazos, pero son los mismos que después se han corrido los rápidos y las cascadas más grandes, y no es como que  anden  saliendo en la portada de  revistas. Jaime Lancaster, Jaime Sandoval, Lucas Varas o Thomas Prior son kayakistas chilenos que perfectamente podrían competir en eventos de categoría mundial como North Fork Championship o Little White Race… pero es ahí donde la realidad se estrella con la ilusión y los recursos disponibles nos obligan a ir a lugares donde el trabajo abunda o por lo menos da lo suficiente para llegar a la otra temporada.

                Uno puede invertir todo lo que tiene en este juego, pero el juego no necesariamente lo va a invertir de vuelta en nosotros. Pasamos horas y horas en el río, remando, grabando, generando material para las redes sociales, mandando mail a compañías para ver si sale algo, pero, nunca se ha tratado de eso.  El kayak tiene una mística, una magia tan linda que sobrepasa  más allá de la barrera del ego, de la individualidad y del orgullo. Sin querer caer en clichés baratos (pero por no más ciertos) el kayak es alegría, es amistad, es la adrenalina en su máxima expresión. El kayak es una sensación como ninguna otra, de plenitud, balance y felicidad. Te va a regalar los mejores recuerdos, como también te va a hacer cagarte de miedo y pasarla mal a veces. Porque si, nada en esta vida es gratis, más aún, nada en esta vida es perfecto, pero mientras los ríos tengan agua, y yo mi equipo de kayak, todos los días me voy a ir a dormir con una sonrisa de  lado a lado. Es tiempo de para darse cuenta que remar, es por el amor a remar, no por hacerse conocido o tener un auspicio, y si por remar llega algo gratis, más que bienvenido será.          

 

 

 

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 Jaime Sandoval | Río Espolón Alto 

Publicado el 25/05/2018 por Ian Garcia