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Rivers Lakes & Oceans

La nueva generación de Botes: Progresión o Regresión?

La nueva generación de Botes: Progresión o Regresión?

Por: Santiago Sandoval


En este último tiempo trabajando en la tienda de kayak, he escuchado a varios personajes referirse a rápidos, cascadas o ríos con comentarios como -ya no es tan complicado- o -le han dado mucho color-, o -no se por qué le meten tanto miedo- y no me malinterpreten, no veo estos comentarios como algo negativo, sino más bien como un espacio para la reflexión.

Volvamos unos años atrás… en 1981 Rob Lesser, John Wasson, Lars Holdbek, Don Banducci y Rick Fernald consiguieron el primer descenso del “Gran cañon del Stikine” , una expedición de 3 días a través de extensos y remotos cañones en el norte de British Columbia, casi en la frontera con Alaska. Esta expedición que muchos han descrito como el Everest del kayaking,

Río Stikine, BC

es, por cualquier lado que se vea, un clase V (+). Boilers y líneas de eddie gigantescas combinadas con movimientos de creek tales como boofs de hoyos que atraviesan todo el río, portajes que muchas veces tienen consecuencias casi tan graves como cometer un error en el rápido, junto con saber que estás perdido en un cañón, a días de cualquier ayuda que puedieras necesitar, lo convertían, y hasta el día de hoy, en una de las expediciones más complejas en el mundo. Lo que hicieron esos hombres en ese tiempo fue una hazaña memorable por varios motivos, pero particularmente, y por donde quiero desarrollar mi argumento, fue por sus botes.

Hoy en día, y como podemos apreciar en nuestra pequeña, pero hermosa comunidad de kayakistas de aguas blancas, es que al momento de comprar un kayak, difícilmente te conformarías con un Dagger Nomad, un Jackson Zen y quizás, solo si estuviera muy barato, un Mamba (un 8.6 en cualquier caso). Todo lo que se ve hoy bombardeando las redes sociales son vídeos y fotos de Stouts, Og’s, Nirvanas y Phantoms; botes que a través de los años han perfeccionado sus diseños, levantando rocker, poniendo cantos y agresivas curvas a los moldes y tratando de mantener los kayak en menos de 9 pies (273 cm, referido a la normativa de carreras) , para lograr el simple objetivo de: “correr la mierda”. No que antes no se corriera, en absoluto. Leyendas del kayak en los 80’ corrían la mayoría de los ríos que hoy vemos en videos de facebook y youtube, siendo ellos quienes hicieron los primeros descensos y abrieron icónicas secciones tales como el North Fork of the Payette (ID), Devil’s Canyon of the Susitna (AK), Gran Cañón del BioBio (en la región del Bio-Bio) o el mítico Futaleufu (Patagonia), y nunca se quejaron por no tener sus Waka Tuna. Más aún, la mayoría de los ríos anteriormente nombrados no se hicieron en mambas, ni remix ni mucho menos un nomad. Se hicieron, y probablemente han escuchado este nombre a través de las leyendas de viejos de ríos, en el “Perception Dancer”

Perception Dancer

Botes “modernos”

Como pueden apreciar en la foto, el Dancer no era ninguna, en comparación a botes de hoy en día, maquina creekera, y aún así, figuras como Rob Lesser, Royal Robbins, Doug Tompkins y Ivon Chuniard consiguieron una cantidad de primeros descensos inigualables en ríos no más fáciles ni menos remotos de los que se reman en el presente. Está claro, los Wakas y botes modernos si han marcado un hito en términos de progresión del deporte, en donde kayakistas como Aniol Serrasolses, Adrian Mattern y Sven Lammler han descendido por rápidos y cascadas impensables en 1981, tales como el Salto del Puma, Big Banana o Site Zed en el Stikine, pero también hay que tener en cuenta, que episodios como aquellos no son pan de cada día para la mayoría de los integrantes de la comunidad de aguas blancas alrededor del mundo.

Adrian Mattern, Alexandra Falls, NWT.

Recordemos esos legendarios aventureros, en donde muchos de los ríos permanecía aún inexplorados, en donde tras cada curva del cañón yacía una incógnita adictiva, que muchas veces fue mortal. Pisar y remar donde ningún hombre había estado, explorar y valorar la naturaleza en su estado más puro y salvaje, ver correr el agua libre y santa como siempre debió haber sido. En donde sus botes, sus Perception Dancers, no contaban con complejos sistemas de ajuste en el interior, ni con levantados rockers para cortar olas y hoyos como si fueran mantequilla que se derrite. Mucho menos tenían estos botes, litros extras como para cuando esos boilers te tragan y te quieren mandar al fondo del río.

Yvon Chouinard

Será quizás, que nos hemos mal acostumbrado? Será quizás, que en esta visión moderna, de querer automatizar y hacer todo instantáneo, nos hemos vuelto aburridos y perezosos? No olvidemos la razón principal por la que remamos, ya sea el fin de semana, o todos los días a la hora de almuerzo con tus patas, o una vez al mes con tus amigos que envejecieron y “maduraron”.... Remamos porque es hermoso, remamos porque llena el alma y despeja la mente de cualquier sea el problema que se aloje en ese preciso momento; remamos, porque compartir tal experiencia nos hace más felices que cualquier otra cosa en el mundo, y eso se puede cumplir con un Waka OG del año como también con el Dagger Animas que tiene menos rocker que una tina... y ahí reside la magia de este lindo deporte.

No se trata de bajar el río sin mojarse la cara, ni de pegar dos paladas en todo el rápido, se trata de revolcarse en hoyos, surfiar cada ola y boofiar cada piedra (Maipo ;) ), se trata de sentir tu bote y sentir miedo a veces! Se trata de experimentar y fluir con el río, y si a veces nadamos? Eso siempre ha sido y seguirá siendo parte de este bello juego.

No quiero decir con esto que no tengan su Machno o su Tuna amarrados arriba del auto, ansiosos por ir a remar, pero la próxima vez que su amigo esté pensando en comprarse un Braaap o el Rexy, acuerdense de Doug Tompkins cuando estaba scoutiando la última sonrisa por primera vez en 1980, y si habrá pensado en que su bote lo iba a ayudar a boofiar las gemelas.

Como dice el antiguo dicho y aunque muchas veces nos olvidemos, “no es la flecha ni el arco, es el Indio.


Publicado el 31/05/2019 por Ian Garcia